En el Desierto de Las Palmas existen  rutas que nos llevan a conocer los lugares más recónditos del Desierto, acompañados de las mejores vistas y contrastes de la zona.
RUTA 1: AL BARTOLO DESDE EL CONVENTO DEL DESIERTO DE LAS PALMAS, PASANDO POR EL MAS DE HUGUET. 

RUTA 2 : EL PR CV 397.2, LA OPCIÓN CORTA POR LA BASE DE LAS AGUJAS.

RUTA 3: AL BARTOLO Y LA ERMITA DE LES SANTES DESDE EL CONVENTO DEL DESIERTO DE LAS PALMAS.

RUTA 4: CIRCULAR POR LES SANTES.

RUTA 5 : PR- CV- 397.1, LA VUELTA COMPLETA A LAS AGUJAS DE STA AGUEDA.

RUTA 6: A LA POBLA TORNESA DESDE EL CONVENTO DEL DESIERTO DE LAS PALMAS

RUTA 7: AL CASTILLO DE MONTORNÉS DESDE EL CENTRO DE INTERPRETACIÓN DEL DESIERTO DE LAS PALMAS. 

RUTA 8: AL CASTILLO DE MIRAVET DESDE LA FUENTE DEL PERELLÓ.

RUTA 9: LAS FUENTES DEL DESIERTO DE LAS PALMAS.

RUTA 10: A LA FONT TALLÀ DESDE BENICÀSSIM.

RUTA 11: AL BARTOLO DESDE EL CONVENTO DEL DESIERTO DE LAS PALMAS, OPCIÓN DE IR CRESTEANDO A PARTIR DEL COLL DE LA MOLA.

 

. El nombre de desierto no tiene un origen geográfico, ya que desierto es el término con que los car- melitas descalzos designan aquellos lugares solitarios y alejados de la población, a los que se retiran para dedicarse a la contemplación y oración. Puesto que en la zona abundaban, y todavía hoy abundan, los palmitos (Chamaerops humilis), el parque pasó a denominarse Desert de les Palmes. Las tierras del Desert de les Palmes han estado pobladas desde el neolítico, aunque su historia comienza realmente con la llegada de los padres carmelitas. Uno de los fundadores y personajes más emblemáticos del Desierto fue fray Bartolomé, del que cuentan que, tanto le gustaba subir al monte de San Miguel que actualmente por todos es conocido como el Bartolo. La presencia de los carmelitas ha legado dos de las construcciones más emblemáticas del paraje: el antiguo monasterio, del que sólo quedan sus ruinas al ser destruido por unas fuertes lluvias, y el monasterio nuevo, donde residen actualmente los monjes. Otras construcciones religiosas, en este caso más humildes, que también podemos observar en el par- que, son así las ermitas y los antros. Además el espacio natural cuenta con una serie de ruinas y construcciones de notable interés como son el castillo de Miravet, castillo de Montornés y el castillo Viejo, así como la ermita de les Santes o de la Magalena.

. Ermita de Les Santes El ermitorio de Les Santes está situado en el barranco de Les Santes, a unos siete kilómetros de Cabanes. El obispo de Tortosa ordenó a los fieles de Cabanes reconstruir el antiguo ermitorio en ruinas y en el 1617 se colocó en el nuevo altar la imagen de Santa Lucía y Santa Águeda. Posteriormente el obispo Francisco Gavaldá Guasch donó la imagen de la Virgen del Rosario que fue proclamada patrona de la villa, conociéndose como Ntra. Sra del Buen Suceso. Actualmente la ermita de Les Santes está presidida por las tres santas mencionadas.

. Castillo de Miravet Ubicado en el término municipal de Cabanes y conquistado a los árabes por el Cid en el 1091. Se piensa que Miravet, atendiendo a su etimología, debió ser un monasterio de monjes guerreros musulmanes dedicados a la Guerra Santa. De este castillo podemos destacar su buen estado de conservación.

. Castillo Viejo y ermita de la Magdalena El rey Jaume I conquistó estas tierras en el 1233 y pocos años después autorizó la concentración de los vecinos en las tierras del llano, fecha que marca el nacimiento de una nueva ciudad bautizada como Castillo de Miravet, antiguo monasterio de monjes guerreros Desde el Castillo de Montornés veremos espectaculares vistas de la costa Castellón de la Plana. Cada año, y desde el 1378, se conmemora el nacimiento de esta ciudad con la romería de las Cañas donde la gente se traslada desde la ciudad de la plana hasta la ermita de la Magdalena. Castillo de Montornés Sito en el término municipal de Benicasim, constituyó uno de los más importantes feudos árabes de estas tierras. Se trata de una construcción del siglo X, habitada hasta finales del siglo XV y testigo de importantes acontecimientos como el posible encuentro entre el rey Pedro I de Aragón y el invicto caballero Rodrigo Díaz de Vivar, El Cid, alrededor del año 1094.

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